viernes, 13 de enero de 2012

El Big Mac Index muestra la fortaleza del Franco Suizo y la debilidad del Euro


Fuente: Daily Chart The Economist
Para quien tuviera alguna duda, aquí está el dato: el franco suizo está apreciado un 62% respecto al dólar, según el ya conocido Big Mac Index que elabora el semanario británico The Economist.

Los datos recogen cómo la divisa suiza ha ganando peso, a raíz de la crisis de los mercados financieros de los últimos meses, y se ha convertido en una de las monedas refugio.

Este índice Big Mac se basa en el poder paritario de compra y compara el precio de venta de la famosa hamburguesa de McDonald's en los distintos países.

Teniendo en cuenta que el Big Mac debería ser exactamente el mismo en todos los mercados, las diferencias de precio tiene que ver con el distinto grado de competitividad de cada economía, ya que a largo plazo los tipos de cambio deberían igualar los precios y las diferencias actuales se explican por la situación de cada moneda.

Las monedas de otros países europeos no integrados en el euro, como Noruega, Suecia y Dinamarca, también muestran una apreciación,  mientras que otras monedas europeas de países como Hungría o Chequia han sufrido un fuerte deterioro de su valor en los últimos meses.

En el caso del euro, las señales de la debilidad son clarísimas, y, según  explica The Economist, si en julio de 2011 el euro estaba apreciado en un 21%, ahora sólo muestra una sobre valoración del 6%. Esta pérdida de valor se explica por el rápido deterioro de confianza en la moneda única europea que, recientemente,  le ha llevado a un mínimo en los últimos 16 meses.

Interesante, por otro lado, la situación de gran fortaleza de Brasil, cuya moneda es la cuarta más apreciada  respecto al dólar, debido fundamentalmente al gran dinamismo de la economía brasileña y a la fuerte entrada de inversión extranjera.
martes, 29 de noviembre de 2011

Las 4 rutas posibles para el Euro: ¿Desastre o solución de futuro?




























Interesante análisis en el blog de Gavyn Davies de Financial Times sobre las 4 posibles rutas del Euro: dos de las alternativas, en las que Alemania y los Países más fuertes abandonan la moneda única, llevan al desastre, mientras que las otras dos -mantenimiento del Euro con o sin los países periféricos- representan una oportunidad para la divisa europea.

Si se atiende al gráfico, la alternativa 1 sería la que más rápido fortalecería el euro, ante un abandono de la moneda de los periféricos y la potenciación de la moneda europea a través de un avance hacia una mayor unión fiscal. El problema de este Euro reducido sería cómo se gestiona el abandono de esos países periféricos y los efectos a nivel nacional en cada uno de ellos, así como entender una moneda europea exclusiva en la que podrían quedar al margen países como Italia o, incluso, la propia España.

Esta alternativa, con matices,  parece estar en la mesa de los líderes alemán y francés, Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy, que podría plantear una criba de países en la próxima cumbre europea. La clave es  qué países permanecen en el club y a qué coste: el presidente español 'in pectore', Mariano Rajoy, ya ha dejado claro que si esta opción de las dos velocidades es la que se impone, España va a hacer todo para estar en la primera división.

La segunda alternativa pasaría por un movimiento para mantener el Euro sin exclusiones, a través de un acuerdo para acelerar la unión fiscal en Europa, con el apoyo financiero del Banco Central Europeo. En este caso, el Euro sobrevivirá y su mejora irá acompasada a que la confianza en el proyecto europeo vaya recuperándose.

La tercera alternativa es, en sus posibles versiones, algo cercano al desastre. El abandono del núcleo duro del Euro llevaría a un moneda débil sin Alemania y otros socios de Centro Europa, que hundiría a la divisa europea, o simplemente al abandono por todos del Euro y el relanzamiento de las monedas nacionales, la peor alternativa que provocaría un alud de problemas legales, gran incertidumbre y una pérdida total de credibilidad en el proyecto europeo.

En el blog ('Thinking the unthinkable on a euro break-up'), se analiza con más detalles la distintas alternativas desde el punto de vista del inversor, con una conclusión clara: la mejor alternativa sería la ruta 1, la peor la 2 y la que estaría por ver la 3.
miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Puede salvarse Italia? La compleja solución del Premio Nobel Michael Spence


Las alarmas son, cada día que pasa, más evidentes. Ya son muchos los analistas y expertos que se atreven a vislumbrar el fin del euro o, como poco, un descalabro generalizado que hará que tiemblen los cimientos de la nueva Unión Europea, tan débilmente asentados sobre la Vieja Europa. En esta ocasión es el Nobel de Economía en 2001, Michael Spence, quien fija su atención, y su sapiencia, en Italia, en un artículo de Project Syndicate reproducido por el estadounidense Council Foreign Relations.

Dice Spence que a medida que el nuevo Gobierno del economista Mario Monti vaya asumiendo el poder en Italia, crece lo mucho lo que  está en juego, tanto para la propia Italia, como para Europa y para la economía global. Si hay dudas  en las reformas,  las finanzas públicas colapsan y persiste el crecimiento anémico, el compromiso de Italia con el euro disminuirá a medida que los costos derivados de permanecer en el Club de los Diecisiete, superen a  los beneficios.  La hipotética salida de Italia de la moneda común de Italia - a diferencia de  países más pequeños, como Grecia – es una amenaza al corazón de la zona euro.

Italia es una gran economía, con un PIB anual de más de dos billones de dólares, reconoce Spence. Su deuda pública es del 120% del PIB, o aproximadamente  2,4 billones de dólares. Eso sin contar  el pasivo  de un sistema de pensiones que necesita  ajustes significativos que reflejen el envejecimiento de una población más longeva.  Como resultado de todo ello, Italia se ha convertido en el tercer mercado con mayor deuda soberana del mundo.

El aumento en el pago de intereses de su deuda está siendo una carga exorbitante y políticamente insostenible. Además, Italia debe refinanciar  275.000 millones de euros  de su deuda en los próximos seis meses, mientras que los inversores, que buscan reducir su exposición financiera, están llevando el rendimiento del bono italiano a diez años a niveles prohibitivos: en la actualidad por encima del 7%.

La necesidad de refinanciar la deuda pendiente no es el único desafío. Los tenedores de bonos nacionales y extranjeros, especialmente los bancos, han experimentado pérdidas de capital, que han dañado sus balances, la disponibilidad de suficiente capital y la confianza. Los déficits comercial y de cuenta corriente son enormes y siguen aumentando, probablemente como reflejo de una pérdida de competitividad y productividad en relación con Alemania y Francia, dos de los socios comerciales más importantes de Italia. Por otra parte, el crecimiento económico ha sido lento en la última década y no da señales de acelerarse, lo que dificultará la reducción de la carga de la deuda pública, incluso con una consolidación fiscal.

Sin embargo, reconoce Spence, Italia tiene importantes puntos fuertes también. La deuda total (del gobierno, de los hogares, de las corporaciones no financieras y las instituciones financieras) están ligeramente por encima del 315% del PIB, una proporción similar a la de Suiza (313%), Francia (323%), Estados Unidos (296%), y Alemania (285%), según los valores de 2009. La deuda de los hogares es muy baja, menos del 50% del PIB.  Por otra parte, un persistente modelo  de ahorro doméstico, oscilante entre   el 17% y 30% de los ingresos, significa que el poder adquisitivo de las personas y los hogares es mayor que en la mayoría de los países avanzados.

Eso no es todo. Los negocios y las industrias del centro y  norte de Italia son eficientes, innovadores y están globalmente integrados. Los déficits presupuestarios se mantuvieron bajo control durante y después de la crisis, a diferencia de lo sucedido en otros muchos países desarrollados.

La crisis italiana  llega en un momento de mucho riesgo para  países clave (por ejemplo, una caída brusca en China, o un desempleo elevado persistente en EEUU). Al evaluar esos riesgos, es conveniente centrarse en tres variables: los recursos, la competencia y la voluntad. ¿Tiene un país los recursos suficientes para afrontar los problemas que tiene? ¿Tienen sus autoridades la experiencia y los conocimientos para poner en práctica las medidas que necesita?  ¿Reconocen esas mismas autoridades la necesidad de actuar con decisión y determinación?

Los recursos son lo primero. Si los recursos son insuficientes, el resultado será malo, independientemente de la competencia o la voluntad, a menos que haya algún tipo de ayuda externa. Del mismo modo, la voluntad política es irrelevante sin competencia para llevar a cabo políticas efectivas.

Me parece –dice Spence-, que en varios casos importantes, entre ellos Italia, los EEUU y China, hay un escenario relativamente favorable y otro mucho menos atractivo, que se distinguen principalmente por la eficacia de las políticas adoptadas. A diferencia de Grecia, donde faltan recursos, estos países cuentan con recursos adecuados pero se duda de su competencia o voluntad política; o de una combinación de ambas.

Para  Italia, eso significa que la salud de su balance consolidado, se puede utilizar en conjunción con las reformas y cambios  en el sistema de pensiones para restablecer el equilibrio fiscal e impulsar el crecimiento. Ello  requiere tres cosas: un programa de reforma integral que afronte directamente el desafío del ajuste; el respaldo político para desarrollar ese programa y  tiempo para implementarlo de tal modo que establezca la credibilidad necesaria y reducir la prima de riesgo de la deuda italiana. A Italia le falta tiempo pronostica el Nobel de Economía.

Aunque se emprendan las medidas adecuadas, Spence resalta un último factor de riesgo. Es posible que la decidida intervención diseñada para evitar la subida del rendimiento de los bonos no esté próxima, debido a una preocupación en el núcleo de la eurozona, liderado por Alemania, que sostiene que una acción agresiva incondicional por parte de un prestamista de última instancia debilitaría la iniciativa –y por lo tanto la voluntad política– para llevar a cabo las reformas necesarias.

Es obvio que existe un problema en la secuencia: un compromiso que depende del avance de la reforma hará que los inversores privados vuelvan inmediatamente, ya que no reduce el riesgo percibido de los considerables obstáculos políticos a la implementación de las medidas necesarias. Solo compromisos audaces y en gran medida incondicionales, tanto de la Unión Europea como de Italia, pueden romper este peligroso impasse. Si falta cualquiera de ellos, el riesgo de un desmoronamiento secuencial de las finanzas públicas de la zona del euro y de una recesión de la economía global se mantendrá muy alto, asegura el artículo de Spence en el CFR.

¿Qué ocurriría si la zona euro se rompe? Tres trágicos escenarios para una posibilidad


Ha llegado el momento de hacer frente a una verdad incuestionable: la posibilidad de que la eurozona se  rompa, o más bien que se desintegre, está creciendo a pasos agigantados. De hecho, después de los recientes acontecimientos en Italia, la probabilidad de que así sea está en torno al 40 por ciento, según asegura Martin Hutchinson en un artículo publicado en Money Morning.

Dice Hutchinson que si un país “de segundo nivel” como Grecia o Portugal abandonase la moneda europea, el efecto sobre la zona del euro sería manejable. La deuda de esos países es demasiado pequeña como para que se resienta el sistema financiero internacional. Sí sería considerable el efecto psicológico de su salida, aunque sólo fuese por la cantidad de dinero que otros países de la eurozona han empleado en sacarlos de apuros. Sin embargo ahora que el foco de los mercados se ha trasladado a Italia y España, la eurozona sí que está realmente con problemas.

Parte del problema es que  las autoridades europeas ‘’voluntariamente’’ trataron de rebajar la amortización de la deuda griega evitando así la activación en el intercambio de créditos incumplidos en circulación (CDS en sus siglas en inglés) por valor de  3800 millones de dólares. Por supuesto, esto causó una ejecución sobre deuda italiana, española y francesa porque los bancos, que pensaban estaban cubiertos con los CDS, habían comenzado a vender frenéticamente.

Los CDS no son buenos pero desde luego manipular el sistema  para invalidarlos es meterse en líos. Y hasta ahora, el único efecto conseguido ha sido un aumento considerable de  las probabilidades de  una ruptura de la eurozona, dice Hutchinson.

Francia, Italia y España son demasiado grandes para un rescate financiero y para que el  Banco Central Europeo (BCE,) simplemente imprimiendo billetes, compre su deuda. Si el BCE adoptase  esta última postura, sobrevendría  una hiperinflación. Además, la ridícula y pequeña cantidad de liquidez (10.800 millones de euros) que tiene el BCE no es en absoluto suficiente para abordar ningún rescate financiero como el que se necesitaría para cualquiera de estos casos.

¿Cómo sería una Eurozona desintegrada? Se pregunta el autor del artículo. Básicamente existen tres posibilidades, se responde. La primera y más limpia de ellas sería una división entre países "fuertes" de la zona del euro - como Alemania, Finlandia y Holanda - y países "débiles", como Italia, España y Francia. Grecia y Portugal no podrían siquiera estar incluidas en el grupo ‘débil’. Ello requeriría de una gestión política muy inteligente por parte de las autoridades europeas pero aún así, es bastante improbable.

Incluso si dicha división fuese bien ejecutada, tendría un efecto negativo en las economías afectadas. Supondría un coste muy elevado y perturbaría el equilibrio del comercio mundial. Aún así,  después de un año o dos de lento crecimiento, Europa se recuperaría y  otras economías europeas fuera de la eurozona, como Polonia, no se verían afectadas. De hecho, esos otros países  incluso podrían beneficiarse, ya que la desventaja en el comercio internacional provocada por las monedas pequeñas se vería disminuida.

La segunda posibilidad sería una desordenada ruptura de la eurozona derivada de la ‘fabricación’ de dinero. El BCE dejaría de cumplir con sus obligaciones y la deuda de la eurozona perdería la mayor parte de su valor. Obviamente esto significa que un período de inflación extraordinariamente alta, hiperinflación más bien, que podría conducir al  colapso total.

De hecho, una gran deuda pública puede ser eliminada con rapidez y  con suficiente  inflación, como descubrió  Gran  Bretaña  en el período 1945-75. Las deudas de la guerra se redujeron hasta un nivel manejable durante ese período, a pesar de una notable falta de disciplina presupuestaria. Por supuesto, los perdedores fueron los pequeños ahorradores que invirtieron en bonos del Tesoro y al final de ese período lo habían perdido casi todo.

Este punto de vista, el de  resolver los problemas de deuda  a expensas de la ciudadanía, en especial de los menos favorecidos, es especialmente vergonzoso, pero a los políticos no parece importarles ni entonces ni ahora. En estas circunstancias, deberían evitarse cualquier tipo de bonos, aunque no las inversiones bursátiles en países no miembros de la eurozona. Alemania se vería traumatizada por la inflación, los elevados impuestos y la destrucción de sus ahorros.

Por último, la tercera posibilidad surgiría de los irreductibles puntos de vista de la canciller alemana Angela Merkel protegiendo a los contribuyentes alemanes de rescates financieros y  a los ahorradores  de la inflación. En ese caso, país tras país dejarían de atender sus pagos y obligaciones y abandonarían la eurozona desordenadamente. El efecto de ‘riqueza negativa’ de los bonos  empobrecería a los países rebeldes y, además, los países de fuera de la eurozona sufrirían una creciente competencia de mano de obra barata.

Mientras tanto, Alemania y los otros países fuertes, como Holanda y Finlandia, no tendrían grandes problemas, equilibrarían sus presupuestos  y gradualmente reducirían  su deuda. Probablemente permanecerían en la zona del euro (o lo que quedase de ella) que, poco a poco  se fortalecería al desprenderse del lastre de las economías más débiles. Una fragmentación de la zona euro sería una muy mala noticia, no importa de qué forma suceda, asegura Hutchinson en su artículo de Money Morning.
jueves, 10 de noviembre de 2011

Las grandes aseguradoras no escapan al problema de la deuda italiana

Hasta ahora las grandes aseguradoras europeas se han mantenido ajenas respecto a la deuda soberana en la eurozona. Su exposición a la deuda griega, irlandesa y portuguesa ha sido mínima y perfectamente soportable. Sin embargo, en Italia la cuestión es bien distinta. A medida que aumentaba la presión de los mercados sobre los bonos italianos, los riesgos han aumentado para las compañías del ramo y para sus accionistas.

Mientras que la exposición de los bonos griegos se encontraba en torno a varios cientos de millones de euros para la mayoría de las grandes aseguradoras europeas, en el caso italiano el riego se sitúa en miles de millones e incluso en decenas de miles de millones de euros, según afirma el analista Paul J. Davies, en su columna de Financial Times.

La gran complicación, según Davies, radica es la diferencia entre la exposición directa a la que están sujetos grupos como Allianz, Axa, Aviva y Generali y la exposición de los grupos a los que representan. Si se produce la implosión los seguros de vida tendrían que adoptar una decisión respecto a las pérdidas soportables por parte de los tenedores de pólizas.

“Las pérdidas potenciales de la deuda italiana serían demasiado grandes para ser asumidas por los asegurados”, dice Thomas Jacquet, analista de BNP Paribas en París, quien añade que en el promedio de la deuda, Italia representa el 5% de las carteras de inversión de seguros de vida.

Las aseguradoras tienen cerca de 200.000 millones de euros en bonos soberanos italianos, lo que coloca al sector en una posición dominante, según informaciones proporcionadas por uno de los grandes grupos europeos. La misma fuente añade que el regulador italiano tiene que vigilar ahora la cantidad que aportarán las aseguradoras para hacer frente a la deuda del país.

Por su parte, Duncan Russell, analista de JP Morgan asegura que un recorte en la evaluación de la deuda italiana no es probable ya que si eso sucediera las aseguradoras se plantearían sus futuras operaciones en Italia. Pero no todo el mundo están seguro de que tal cosa no se produzca y hay hasta quien se plantea una salida del euro, comenta Davies en su artículo de FT, cuestión nada descartable después de los últimos acontecimientos y de las manifestaciones al respecto de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy.